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Rebeco
EspeciesRupicapra pyrenaica

Rebeco

Inglés: pyrenean chamois, cantabrian chamois. Francés: isard. Portugués: camurça dos Pirineus.
Gallego: rebezo. Catalán: isard. Vasco: sarrioa.

IDENTIFICACIÓN

El rebeco (Rupicapra pyrenaica) es un ungulado artiodáctilo de la familia de los bóvidos, grupo que en España incluye sólo otras tres especies: el muflón, la cabra montés y el arrui.
Hasta los años ochenta todos los rebecos europeos se consideraban parte de una misma población genética. Sin embargo, actualmente se consideran dos especies diferentes Rupicapra pyrenaica, presente en la Cordillera Cantábrica, Los Pirineos y Los Apeninos y Rupicapra rupicapra común al resto del área de distribución europea, Asia Menor y El Cáucaso.
A su vez, en la población ibérica se consideran dos subespecies: la pirenaica (R. pyrenaica pyrenaica) y la cantábrica (R. pyrenaica parva). El rebeco pirenaico, también llamado sarrio es de mayor tamaño, cuernos más gruesos y largos, tonalidad estival amarillenta e invernal gris oscura.
El rebeco cantábrico es de menor tamaño, apenas 75 cm de altura a la cruz y 20 a 35 kg de peso, tonalidad rojiza en verano y gris pálida en invierno. Como el resto de los bóvidos, los rebecos disponen de auténticos cuernos, es decir estructuras óseas que se recubren de un estuche queratinoso y se conservan durante todo el ciclo vital del animal. El dimorfismo sexual no es muy acentuado, pues tanto machos como hembras lucen cuernos bien desarrollados. No obstante, la talla de los machos es ligeramente superior y los cuernos, más gruesos y largos, se vuelven hacía abajo formando un garfio que en las hembras es menos acusado. El crecimiento de los cuernos deja marcas anuales, medrones, que permiten estimar la edad de los animales.
Ambos sexos tienen un babero triangular y la cara de color amarillento, adornándose de bandas laterales negras que van del hocico a los ojos y los cuernos.

DISTRIBUCIÓN, HÁBITAT Y COMPORTAMIENTO

Actualmente el rebeco se distribuye por el área meridional de Europa en varios núcleos aislados: la Cordillera Cantábrica, los Pirineos, los Apeninos, los Alpes, los Balcanes, las montañas de Transilvania, el Cáucaso y Anatolia.
La subespecie Rupicapra pyrenaica parva se distribuye exclusivamente por las montañas de la Cordillera Cantábrica, desde el límite de Asturias y Galicia al occidente de Cantabria, principalmente en terrenos de Asturias, Cantabria, León y Palencia.
La población cantábrica de rebeco debió sufrir ya a lo largo del siglo XIX una regresión que obligó a la creación del Coto Real de los Picos de Europa a principios del s. XX. Sin embargo, la regresión debió acentuarse durante la Guerra Civil, quedando reducida a poco más de una centena. Desde entonces la reducción de la presión cinegética y la creación de diferentes espacios naturales protegidos que solapan su área de distribución han permitido la recuperación de la especie.
Hasta fecha reciente el principal problema sanitario de las poblaciones de rebeco cantábrico era la queratoconjuntivitis, detectada en 1979 y endémica desde entonces, aunque sin llegar a tener especial incidencia sobre la dinámica poblacional. Más problemática parece ser la sarna sarcóptica, detectada por primera vez en la cordillera en mayo del año 1993 y rápidamente extendida a gran parte del núcleo oriental de la población. Parece ser que la epidemia es debida a la presencia de cabras domésticas que contagiaron la enfermedad a la población silvestre de rebecos. Por el momento, la epidemia parece haber remitido, aunque son esperables rebrotes periódicos que contribuyan a regular los efectivos poblacionales.
El rebeco es un animal característico de la alta montaña. En verano gusta de utilizar pastizales altos, riscos y escarpados donde se alimenta de gramíneas y otras plantas herbáceas. En invierno, desciende a áreas boscosas o con arbolado y matas abundantes, ramoneando hojas y brotes e incluso tallos leñosos blandos. De todos los ungulados es uno de los más activos durante el día, sólo en los meses más calurosos del verano limita su actividad a las primeras y últimas horas del día, pasando el tramo central descansando en las laderas más frescas orientadas al norte.
Se trata de un animal perfectamente adaptado a las condiciones de la alta montaña, para ello dispone de membranas interdigitales, que aumentan la superficie de apoyo sobre la nieve, y un legendario equilibrio y facilidad de escalada.
En verano suele formar cabradas de cierta entidad en las que hembras con crías y machos forman grupos separados. En invierno, sin embargo, los grupos se dispersan o se hacen menos numerosos, especialmente los de machos. Cuando advierte un peligro o se asusta la hembra emite un silbido muy característico que alerta a la cabrada.
El celo tiene lugar hacia el mes de noviembre, entonces los machos se vuelven agresivos y se persiguen insistentemente, para defender un harén y procurar cubrir al mayor número de hembras. La gestación se prolonga durante seis meses y los partos se producen en torno al mes de mayo, generalmente se trata de una sola cría.

APROVECHAMIENTO CINEGÉTICO

La caza del rebeco se realiza principalmente mediante recechos de montaña. En cuanto a periodos hábiles varían en función de la especie y la Comunidad Autónoma a considerar aunque suelen ir desde primeros de agosto hasta finales de otoño.

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