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El futuro de la caza

Además de defender a la caza de algunos jueces, tenemos que protegerla de ciertos cazadores

04 marzo 2019

En enero de 2019 una fundación de creadores de opinión independiente y de reciente cuño, Conservation Frontlines Foundation, publicó un artículo en su magazín en el que analizan un tema afecto a la caza con este mismo título y entradilla. Me ha puesto en la pista mi amigo Laureano de las Cuevas. El autor del artículo, Derek Carstens, un cazador, ejemplariza sobre el futuro cinegético recordando la trayectoria de repudio social recibido por el tabaco que pasó de haber sido aceptado en todos los ambientes –hasta en los ambulatorios se fumaba–, a ser repudiado en los espacios libres, una vez reconocidos los daños que causa el tabaco. Ese escritor sospecha que la caza va a ir por el mismo camino que el tabaco, pues ya hay una parte de la sociedad moderna que enrola a la caza como una tradición en peligro de extinción por inaceptable. Llevo yo años coincidiendo en que ‘la caza está en amortización, no en relevo’ ya que a partir de 1990 empezamos a caer en picado desde aquellas lustrosas 1.443.500 licencias de caza.

Cree ese cazador que somos los del gremio quienes hemos provocado ese frente anti-caza con nuestro comportamiento, pues entiende que es más determinante el “cómo cazamos”, que “por qué cazamos”, ya que esto último es una decisión personal y una experiencia privada difícil de discutir a quienes la consideramos como algo significativo. Y digo yo, que estoy de acuerdo con todo lo dicho por Carstens hasta ahora, que cazar es además un derecho constitucional y por tanto, su práctica no requiere justificaciones y menos cuando hablamos de emociones y vivencias muy personales, que solamente los cazadores sentimos. Dijo Miguel Delibes “Lo que un cazador es capaz de hacer por una perdiz no puede imaginarlo más que otro cazador”. (1) Y lo mismo diría el recechista por un corzo o el montero por un venado, pues cada cazador tiene su escala de valores.

El argumentario de “cómo cazamos” que utiliza Carstens para exponer  las debilidades del cazador en su versión de la caza africana, intentaré transponerlo a las maneras de cazar españolas, pues las malas formas de actuar que provocan la aversión a la caza de la sociedad actual son generales a todos los métodos y modelos de caza que practicamos. El argumentario consta de varios puntos comparando la caza primitiva con la actual, que sintetizo. Contesto a los argumentos que me parecen más determinantes.

1.- Cazar para sobrevivir vs. Matar por placer. (Carstens)

La caza en el pasado se hizo como necesidad para comer y sobrevivir. Pocos de nosotros necesitamos cazar para eso mismo. Cazamos porque queremos y con fines recreativos y no vale decir que es algo que el hombre siempre ha hecho, porque el cazador primitivo lo hacía por necesidad, no por elección. Nuestra actividad actual recreativa está cada vez más acosada por prácticas que se consideran poco éticas, como son la de violentar la naturaleza sin necesidad y conscientemente, lo que supone un malestar animal inaceptable. También se considera poco ética  la obsesión por los trofeos debido al ego.

1 Bis.-La caza ociosa, incluso sin muerte, proporciona más comida hoy que en el Paleolítico.

Tengo un punto de vista sobre el rendimiento proteínico de una presa y su equivalencia en días de comida para una persona. La mayoría hemos elegido la caza como nuestra actividad de ocio y este modelo de caza, bastante generalizado, supone cubrir las necesidades de comer de miles de personas en España que se hace posible con el dinero que genera la caza de ocio.  Es evidente que hasta hace 50 años, si un hombre cazaba una perdiz podía comer un día y si cazaba un ciervo comía durante un mes. Hoy cazamos una perdiz con un coste medio de unos 50 € y te la puedes comer, o no, pero por poder salir a cazarla, incluso sin captura, ya rinde ese dinero equivalente a diez días de comida para una persona. Si en vez de perdiz hablamos de cazar un ciervo, que cuesta una media de unos 500 € intentarlo, la equivalencia sería de unos cien días de alimentación.

No obstante lo dicho, convendréis conmigo que actualmente no es de recibo que los contenedores  de  basura sean el destino de una presumida percha. Sobre todo, por las posibilidades que tiene cualquier especie de convertirse en una delicia gastronómica. La caza se puede elaborar y aprovechar por el propio cazador, regalar, entregar en centro benéfico, o permutar por otro valor, en dinero o en especie. Ya sé que hay situaciones donde nada de esto se consigue, aunque se procure. Pienso que deberíamos intentar la organización de un modelo de aprovechamiento de piezas de caza que lo resuelva para así dignificar a esas especies cazadas y además crear empleo. Las administraciones de la caza, que nos quieren tanto últimamente, deben comprometerse a impulsar un modelo regional que permita aprovechar una parte de esos animales cazados que ayudarían a eliminar el hambre en esos guetos que aún existen en la  sociedad que vivimos. Las empresas dedicadas ya a este asunto podrían asesorar y coordinar el eje de la acción.

En la cultura Cherokee, había un pensamiento que debería ser una enseñanza para muchos de los que nos llamamos cazadores civilizados. Dicen aquellos indios que “El cazador que no prepare su arma con respeto, no persiga a su pieza con respeto, no cace a su presa con respeto, y no la coma con respeto, sufrirá por mal cazador una enfermedad diferente por cada animal que sea así de maltratado”. Este último párrafo pertenece a un artículo que dediqué a Rafael Rodríguez, Maestro de cocina y Coordinador del seminario y a Salvador  Gallego Pte del Club de Chefs de España y profesor, porque  nos han enseñado a querer más,  si cabe,  a la caza en su fin.I Seminario sobre Gastronomía  y cocina de la caza”, (2.000) Escuela Española Caza.

2.- Honrando al animal vs. Triunfando con el trofeo. (Carstens).

Al completar con éxito la cacería de un gran Eland (bóvido de gran tamaño) el cazador es recibido en el campamento africano con una bienvenida y un baile ceremonial de honor al animal y al cazador. Es un acto de respeto a la pieza que hace sentirse al cazador humilde y privilegiado. Comparen esto con las fotos editadas en Facebook por los dos hermanos Trump, y como agarran a un leopardo matado, que es el epítome de la ignominia, tanto desde el punto de vista animal como humano. Es algo sin honor, sin respeto, nada remotamente humilde. Un hecho impactante en todos los sentidos de la palabra, que dio la vuelta al mundo en un instante y avivó las llamas que amenazan con devorarnos a los cazadores, mantiene Carstens.

2 Bis.- Orgullo de cazador respetable y respetado.

Hace 80 años la caza se comía por quien podía cazarla y había un reconocimiento social a los cazadores, que no tiene nada que ver con la situación actual. Cuando cazaban mi abuelo y mi padre (a partir de 1939) ser cazador tenía tanto prestigio en el medio urbano, donde eran cazadores casi todos los dueños de fincas, como en los pueblos donde solo unos pocos podían costearse una escopeta como el señor cura, el médico, etc. y quien tuviera un oficio que le permitiera pagarla, como era el caso de mi familia ferroviaria. En aquella época de tanta penuria me contaba mi padre que salía de caza y se le ofrecían varios pretendientes del pueblo pidiendo acompañarle para ayudar a traer la caza, pues alguna paloma u otras piezas le caían si había éxito. Tanto el cazador como el morralero entraban gloriosos en el pueblo, seguidos de un montón de niños, con la rabona y algún conejo sacando las patas por el morral, además de un haz de palomas al hombro del morralero. Entiendo que con las diferencias evidentes, celebraban festivamente la acción de caza como en esos campamentos africanos que apunta Carstens.

No descubro nada a nadie si hablo de la falta de reconocimiento hacia la caza de algunos cazadores, que se hace indefendible por las burradas contra el respeto animal que aparecen en Facebook, Whatsapp y RRSS; escaparates también para los más torpes y vanidosos que con fotos y videos de lances despreciables, hacen mucho daño a la caza sensata y racional. Además irreflexivamente los replicamos, dando armas rotundas al contrario. También coincido con las denuncias de muchos cazadores por la caza sin un cupo adecuado de alguna migratoria necesitada de una veda territorial. Lo mismo por permitir echar al campo perdices sin calidad ni control. Peor aún es el manejo de ciertos cercones de caza mayor y la suelta de camiones de jabalíes de granja mientras no podemos con los silvestres. También hay falta de gestión dejando de cazar hembras en cotos corceros. Y malas praxis ajenas a la veterinaria. Peor aún las indignas tiradas de codornices a tubo, que es un tiroteo imperdonable contra una especie que es favorita para tantos cazadores con perro. También denuncian los jóvenes cazadores orgullosos de haber superado el examen del cazador, el agravio comparativo de saber que en alguna comunidad el examen no requiere la presencia del examinando. Damos muy mal ejemplo a los nuevos cazadores de relevo recién llegados y demasiados motivos para que no nos quieran ni ellos, ni la sociedad en general. Y solo he puesto algún ejemplo de caza impropia.

La caza obsesiva de trofeos es la única que prima actualmente en monterías y recechos de caza mayor, salvo excepciones. La caza legítima de trofeos, no es la caza que argumentamos en su fin de control de poblaciones; pero aunque no la practico, le reconozco una visión positiva. En este tipo de caza que suele lograrse tras rececho, el espíritu deportivo es quien domina en el lance, pues seleccionar un gran trofeo añade mayor dificultad para el cazador y, por tanto, evidencia que esta modalidad requiere mayor esfuerzo para el éxito y es en esencia una caza más deportiva que otras modalidades. Hablo de deporte de la caza, que no debe confundirse con competición reglada.

Recuerdo con nostalgia mi inicio en la Escuela Española de Caza y unos años después los proyectos de FEDENCA con tanta gente del mundo de la universidad y la ecología hermanados por la caza, porque veían con respeto y admiración el esfuerzo de los cazadores organizados por «cazar el saber para saber mejor cazar» que era y es un prestigioso eslogan para las escuelas de caza. Actualmente los cazadores no acuden a los cursos, ni aunque sean gratis total.

3.- El animal tiene su oportunidad vs. El animal no tiene chance.

Plantea Carstens las diferencias y posibilidades de sobrevivir de un león que se enfrenta a un Masai con una lanza que le intenta abatir por daños y de ese mismo león que quiera escapar de la bala de un rifle de alta tecnología que usa el cazador moderno y le quiere abatir para trofeo. Entiende el escritor que la desproporción de posibilidades de supervivencia tan repetida para el resto de los grandes felinos, a los que se les dispara siempre con esos medios imposibles de evitar para la bestia, provocará muy pronto la prohibición de cazar legalmente leones.

3 Bis.- La razón impone limitaciones a la caza. El animal procurado debe tener su chance.

Precisamente en mi artículo anterior “La caza también vota”, FEDERCAZA Nº 398, me refería a las reflexiones de Ortega y Gasset (2) sobre el desequilibrio limitado y necesario entre los medios del cazador y las posibilidades de la presa para no ser cazada. Valen esas reflexiones para acompasar las que plantea hoy en este punto Carstens. Decía el filósofo que la razón no es un ingrediente de la caza que hacemos los humanos, puesto que la actividad no puede sustancialmente progresar pues acabaría en matanza. “La razón entra en la caza, precisamente para lo contrario: imponer limitaciones que dejen al animal hacer su juego, para no desnivelar excesivamente la pieza y el cazador” Y remataba: “El animal procurado debe tener su chance y poder evitar su captura”.

Las leyes de caza españolas y extranjeras siempre amortiguaron la prepotencia humana y la mayoría de los cazadores aceptamos las reglas limitantes de tiempos hábiles  de caza, condiciones atmosféricas, armas, cartuchos y otros medios proporcionados, cupos y animales colaboradores regulados, etc. Esta caza racional reglada la aceptamos la inmensa mayoría de cazadores españoles, incluso en la mayor soledad del campo.

4.- CONCLUSIÓN (Carstens).

En las conclusiones de su artículo, Derek Carstens resume:

a). Los cazadores estamos cada vez más acosados no solo por cazar, sino por cómo lo hacemos.

b). No digo que siempre y todos cacemos de manera poco ética, pues hay muchos cazadores que se esfuerzan por la caza racional, pero todos somos culpables de transgredir uno o varios límites en un momento u otro. Y son las transgresiones las que crean las percepciones de los contrarios.

c). Somos tan fuertes, como el eslabón más débil de la cadena de cazadores. Somos cada uno con nuestras maneras quienes debemos proteger nuestro deporte, no esperar de las agrupaciones.

d). Usemos las plataformas públicas para nosotros y nuestros medios tecnológicos para ofrecer una cara diferente de la caza, fundamentada en nuevas prácticas.

e). La buena noticia es que hablamos de actitudes y comportamientos que podemos elegir para mejorar, pero ¿tenemos la voluntad de hacerlo? Esa es la pregunta.

4 Bis.- El mundo de la caza cambiará mejor con ejemplos, que con discursos de opinión.

* Estoy de acuerdo prácticamente con todas las conclusiones de Carstens. Y no seré yo quien tire la primera piedra, pero hay demasiadas cosas evidentes en contra de nuestro oficio de cazador, que siempre había sido un orgullo de raza. Creo que los grupos anti-caza menos radicales están más en contra de algunas maneras de cazar que hemos exhibido, que en contra de la caza en sí.

* Muchos cazadores cumplen con la ética más deportiva de la caza como condición natural; pues no es suficiente. Cómo esto solo sirve de ejemplo para los más cercanos, no vale con ese discurso de opinión para quien no lo ve o nunca lo ha querido ver.

* Cada uno de nosotros nos deberíamos preguntar como pedía Kennedy, ¿qué puedo yo hacer por mi colectivo de cazadores? en lugar de ¿qué puede hacer esa asociación por mí? Y también,  ¿deberíamos apoyar veda parcial de alguna especie en picado y poner cupo fino a otras?

* Un destino digno y justo para la mayoría de las canales de especies cazadas y lo mismo para los animales utilizados en la caza (perros, hurones, etc.) podría crear una estructura de negocio que aliviaría mucho la buena imagen de la caza y además podría revertir en una cadena social nacional donde aprovechemos todo eso que parece que nos sobra, en lugar de que nos lo critiquen y además se beneficien de esto los enemigos de la caza, muchos de ellos ahora gestores de núcleos caninos y vendedores de animales, gracias a los que nosotros despreciamos y regalamos.

*** ¿Te gustaría algo de lo que proponemos? Pues divúlgalo por si tuviéramos suerte.

Autor del artículo:

José L. Garrido (Marzo 2019)

Presidente honorífico Federación de Caza Castilla y León.

Director honorífico de la Escuela Española de Caza.

Ex Director general de la fundación FEDENCA-RFEC.

Autor del texto, Modalidades y Métodos de Caza” (2ª Ed. Junio-2015). Edita: Federación de Caza de Castilla y León (983 333 488)

(1)   Delibes M. “Las perdices del domingo”.

(2)   Ortega y Gasset  J. ‘Prólogo a “Veinte años de caza mayor” del Conde de Yebes’.

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