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La lengua azul. Un gran problema para la ganadería, donde la caza juega un papel fundamental

Sanidad30 diciembre 2011

La lengua azul es una enfermedad de origen vírico, que afecta principalmente a ovejas, cabras y vacas y que se transmite desde animales enfermos o portadores a animales sanos por la picadura de mosquitos del género Culicoides .

En los rumiantes domésticos causa fiebre, congestión, úlceras y hemorragias en mucosas, principalmente en la boca, dando a la lengua un aspecto, en ocasiones, azulado que da nombre a la enfermedad. También se presentan daños musculares y lesiones en los rodetes de las pezuñas, con forma de ulceras de diferente tamaño.

No es un proceso que cause una mortalidad muy elevada, ni tampoco se contagia al hombre. Sin embargo, es de gran importancia porque supone graves pérdidas en la producción de los animales afectados, un gran deterioro de los mismos y un largo periodo de recuperación. A todo ello hay que añadir el bloqueo que supone en el comercio de animales entre Comunidades y Países, dentro y fuera de la Unión Europea.

Se trata de un proceso endémico (originario y de amplia distribución) de África que, por la evolución sufrida por el clima en los últimos tiempos, cada vez es más habitual en la Península Ibérica, donde son también cada vez más abundantes los mosquitos transmisores de la enfermedad.

Además, es una patología de declaración obligatoria. En caso de sospecharse su presencia, ganaderos y veterinarios deben notificarla inmediatamente para que se activen los protocolos adecuados de inmovilización de la explotación y sacrificio indemnizado de los animales afectados. De no hacerse así, su alta contagiosidad provocaría una rápida dispersión. Por su transcendencia y el incremento de casos en los últimos años, ha sido necesario en España plantear campañas de vacunación generalizadas en muchas Comunidades Autónomas a vacas, cabras y ovejas. Esta actuación supone un gran coste económico y provoca daños "colaterales" (posibles abortos en animales gestantes, mermas en la producción en los días posteriores a la vacunación...) en los animales vacunados.

En relación con la caza un reciente estudio llevado a cabo por técnicos de la Universidad Autónoma de Barcelona ha demostrado el importante papel que juegan los rumiantes cinegéticos, principalmente el ciervo, en el mantenimiento del virus y su posible dispersión.

En ese sentido, los ciervos son portadores asintomáticos, que no padecen la enfermedad, pero pueden mantener el virus en la sangre. Ante la picadura del mosquito pueden vehícularlo al ganado doméstico con el que, muchas veces, comparten pastos. Por ello, el análisis de los ciervos abatidos en cacerías, recechos... puede dar una información muy valiosa, puesto que, estos animales, actúan como centinelas de la enfermedad, anunciando su presencia incluso antes de que el ganado doméstico pueda verse afectado. Todo ello ayudaría a establecer medidas adecuadas y planes de prevención concretos y dirigidos a aquellas zonas donde es más necesario, incrementando así la eficacia y abaratando los costes.

Una vez más se demuestra la necesidad de que las Administraciones Públicas cuenten con los cazadores y las especies cinegéticas como una herramienta fundamental en la prevención, control y erradicación de enfermedades de la ganadería para las que, año tras año, se destinan cientos de miles de euros, muchas veces sin los éxitos esperados.




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